El culto a los muertos en la Antigua Roma

Aprovechando la festividad de Todos los Santos, celebrada en muchos paises del planeta, en que es tradicional asistir a los cementerios para visitar las tumbas en recuerdo de las personas fallecidas, creo oportuno echar una mirada atrás y descubrir qué hacian los romanos con sus muertos, que cultos y atención les dedicaban…

Ofrenda floral

Ofrenda floral

Aunque muchos de sus rituales han cambiado notoriamente en nuestros días, y siguen cambiando; nos deja de sorprender las similitudes que en muchos casos enontraremos.

Para empezar, señalar que el origen de la festividad de Todos los Santos viene precisamente…de los tiempos de la Antigua Roma.

Diocleciano

Diocleciano

Aún en la clandestinidad, la Iglesia Católica, a raíz de la gran persecución de los cristianos por parte del emperador Diocleciano, a principios del siglo IV d.C, señaló un día común para todos los martires causados hasta entonces por parte del poder romano.

Cabe señalar que la esperanza de vida en la sociedad romana era corta (alrededor de los 30 años), debido sobretodo a una elevada tasa de mortalidad infantil. Esperanza de vida que se mantuvo estable hasta bien entrado el siglo XVIII.
Todo ello hacía que la muerte fuera una realidad muy presente, a la que le dedicaban un lugar especial (ello fue heredado de los griegos).

Memento Mori

Memento Mori

Desde tiempos de la República romana se comenzó a creer en la metempsícosis o diferencia absoluta entre el cuerpo y el alma.
Para que el alma permaneciese en la morada subterránea era imprescindible que el cuerpo al que estaba asociado quedase recubierto de tierra. Así no existía la disolución del ser sino un simple cambio de vida.

El alma que no tenía una tumba carecía de morada y vagaba errante en forma de larva o fantasma. Estas almas se convertirían en malhechoras, atormentando a los vivos y enviándoles enfermedades. Ello les obligaba a dar sepultura.

Hades

Hades

Con la muerte física del cuerpo se creía que las almas iban al mundo subterráneo de Hades, que no era ni cielo ni infierno.
El inframundo era gobernado por Plutón y su esposa Proserpina que vivían en un palacio en los Campos Elíseos, el Lugar iluminado donde habitaban las almas de los héroes y las mujeres y hombres buenos.

Los romanos creían que el más allá se encontraba en la profundidad de la tierra. Esto explica que en el foro de las ciudades existía una fosa ritual que se excavaba en la fundación de las ciudades y era conocida con el nombre de  mundus, y ponía en contacto directo el mundo de ultratumba.
Así pues todas las almas de los difuntos se dirigían al inframundo para ser juzgados y ser recompensados o castigados.

Pero antes de ello, existía un complejo y necesario ritual de paso hacia la muerte. La mayor parte de estas creencias y ritos provenían del mundo etrusco. Existía todo un plan de salvación del alma que no podía ser modificado, poco a poco la tumba fue relegada a simple lugar donde queda el cuerpo. El mundo romano fué evolucionando existiendo cada vez mayor libertad para que el individuo realizara su propio plan de salvación según sus creencias.

Existían empresas de pompas fúnebres (libitinarii) puesto que, al igual que hoy en día, el negocio de la muerte era muy lucrativo y daba trabajo a muchas personas.
No obstante, era una ocupación depreciada. Ejercerla tenía como consecuencia la disminución de los derechos civiles.
Un númeroso ejercito de trabajadores ejercian funciones muy diversas que iban desde los los que preparaban el cadáver para su exposición, los que transportaban y colocaban el ataúd en la pira, o a la fosa de cadaveressi si era de una familia pobre; los que en los grandes funerales, ordenaban y dirigían las paradas del cortejo fúnebre; los que se encargaban de las incineraciones; los encargados de cavar las fosas, hasta los que completaban el gremio los oficiales constructores del monumento funerario que también velaban por su mantenimiento.

Como hoy, los funerales dependían de la riqueza de la persona, pero en la antigua Roma, una sociedad marcadamente clasista, esta diferencia era muy notoria.
Además, los funerales también cambiaban en funcion de las circunstancias de su muerte. Por ejemplo, los delincuentes ejecutados eran enterrados en fosas comunes directamente sin honras.

Los pobres aspiraban a ser miembros de los collegia funeraticia, una especie de mutua que aseguraba tras una cuota mensual que se cumplirían los ritos funerarios tras la muerte de sus socios, se les aseguraba un lugar en el columbarium. Era la única manera de que las clases inferiores pudieran acceder a un ritual digno, salvo en los periodos que los emperadores se encargaban de asegurarles un funeral correcto a la población.

roman-columbarium

roman-columbarium

Tanto los funerales humildes como el de los niños eran rápidos y se realizaban discretamente por la noche. El féretro consistía en una simple caja de madera.
Los pobres eran recogidos de las calles de la ciudad y eran llevados por cuatro porteadores de alquiler. A menudo eran arrojados en las fosas comunes fuera de las ciudades para dejarlos pudrir y posteriormente eran incinerados ahí mismo.
Contrariamente la esmerada preparación de los funerales aristocráticos se celebraban de día y las familias competían entre sí por la fastuosidad del acontecimiento.

Ritual patricio

Ritual patricio

Los romanos creían que la muerte era impura y la asociaban con la contaminación, no solo material sino espiritual. Por eso el traslado del cadáver hacia la tumba se hacían de noche, para evitar “contagios” además de no obstaculizar la vida económica de la ciudad (diurna).
Esta tradición fué cayendo en desuso a partir del s. II d.c a excepción de los entierros de los niños e indigentes.

Traslado del féretro

Traslado del féretro

La duración de la exposición del cadáver dependía de la condición social del difunto: los pobres eran sepultados el mismo día de la muerte o como máximo al siguiente, con una breve o nula exposición; en cambio las clases medias y altas se tardaba de tres a seis días y durante este tiempo se empleaban plañideras profesionales para mantener una vigilia permanente.
Los emperadores quedaban expuestos toda una semana.

Al difunto se le presentaba limpio bien vestido y perfumado. Contrariamente sus familiares iban vestidos con los peores trajes que tenían y los  desgarraban y manchaban de ceniza. Las mujeres de la casa recibían a los invitados con los cabellos sueltos y enredados, ofreciendo una imagen deplorable. La belleza incorruptible del fallecido se oponía al aspecto descuidado de los vivos.

Se les enterraba con una moneda (óbolo) bajo la lengua, la cual debía tener una marca (aspa, X, signo de los templarios pedristas) para que ésta no fuera usada por segunda vez. Era el precio a pagar para que Caronte, el barquero infernal pudiera transporar al difunto al reino de Hades.

Caronte

Caronte

Los romanos no colocaban las tumbas en un lugar tranquilo y solitario, como solemos hacerlo nosotros en los cementerios, sino a orillas de las calzadas a la salida de las ciudades, donde los transeúntes podían contemplarlas y admirarlas.
La razón de enterrar  a los muertos en las orillas de sus concurridas calzadas, respondía a la creencia de que el muerto quería estar cerca de los vivos, pues su actividad vital continuaba en cierta manera y por tanto había que abastecerlo de las cosas que necesitara.  Si el muerto era inhumado, sus objetos personales eran enterrados con él; si era incinerado, se quemaban también con él.

Tumbas en la Vía Apia

Tumbas en la Vía Apia

Se pensaba que los espíritus de los muertos tenían hambre y sed y por tanto había que proporcionarles bebida y comida. En la tumba se colocaban con regularidad ofrendas de huevos, judías, lentejas y vino. A veces se abrían agujeros en las tumbas para poder echar vino dentro. Se ofrecía vino porque era un sustituto apropiado de la sangre, la bebida favorita de los muertos. No obstante, durante el funeral y en ocasiones especiales se sacrificaban animales y se hacía una ofrenda con sangre.

A pesar todo ello, se creia que los muertos no llevaban una existencia muy feliz. Para ayudarles, sus tumbas se adornaban frecuentemente de flores o eran rodeadas de jardincillos, costumbre que ha perdura hoy en día (aunque con otro significado).
Con éste mismo fin, la familia y los amigos del difunto celebraban un banquete después del funeral y en el aniversario de su muerte. Unas veces estos banquetes tenían lugar en un comedor adosado a la tumba misma, otras en el hogar de la familia. Se creía que los espíritus de los muertos prestaban atención a estos acontecimientos festivos y disfrutaban con ellos.

Banquete en un funeral romano

Banquete en un funeral romano

Epicuro

Epicuro

Las personas que no creían en alguna forma de vida después de la muerte eran pocas.
La mayoría eran los seguidores del filósofo griego llamado Epicuro, que decía que cuando alguien moría, el espíritu que le daba vida se disolvía en el aire y se perdía para siempre.

 

 

En fin, la sociedad romana, con sus propios principios y contradicciones, como todas las sociedades, fue evolucionando a lo largo del tiempo con sus constumbres, influenciado en los últimos siglos por la fuerza de un cristianismo en auge y expansión.

 

Víctor Bertran
www.limes.cat

 

Acerca de Víctor Bertran

Víctor Bertran Cortada (Barcelona) es empresario, Licenciado en ADE por la Universidad de Barcelona, Master en Dirección de Marketing por la Universidad Pompeu Fabra. Es un apasionado y estudioso de la Roma Clásica y todo lo que la relaciona hasta nuestros tiempos, en especial de su periodo Imperial. Ha viajado por todo el Mediterráneo y Europa siguiendo las huellas del antiguo Imperio Romano, así como visitado y estudiado numerosos yacimientos arqueológicos. Imparte conferencias y cursos relacionados con la Roma Clásica en diversos centros culturales. Publica periodicamente articulos en varias revistas especializadas en historia, como Antrophistoria.
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