Crisis del siglo III dC: El comercio romano se colapsa

En pleno apogeo económico del Imperio Romano, en los siglos I y II dC, el floreciente comercio entre Oriente y Occidente, a través del Mediterráneo y con una única moneda de oro, el áureo, servía como elemento clave de la unidad romana.
Dicho comercio era fundamental para mantener el equilibrio económico del imperio.

El comercio en el Imperio Romano

Paralelamente, la maquinaria militar expansionista no dejaba de anexionar nuevos y ricos territorios, aportando al Estado Romano, no solo abundantes riquezas materiales sino sobretodo, una ingente cantidad de mano de obra esclava, engranaje elemental en la economía productiva romana, como fuerza de trabajo.

Venta de esclavos

El Estado entonces, no necesitaba ser intervencionista, pues con aquel sólido sistema comercial, y mediante impuestos indirectos así como de aduanas, recibía los ingresos necesarios para seguir funcionando.

Pero este equilibrio empezó a agrietarse a finales del siglo II dC.

Adriano

Varias décadas antes, con el gobierno del emperador Adriano, se puso fin a la política expansionista que había significado su leitmotif desde sus inicios, reforzando intensamente a su vez todo el perímetro fronterizo del Imperio, el Limes.

Esto implicó, no solo dejar de disponer de botines, riquezas y esclavos, fruto de las conquistas sino que además, destinar grandes esfuerzos financieros a consolidar la nueva política militar defensiva.

El Muro de Adriano – Limes Britanicus

Al mismo tiempo, en el siglo III dC, una gran inestabilidad política se apoderó del imperio, con continuas guerras civiles, poderes usurpadores que conllevaban a su respectiva escisión territorial, como el caso del imperio galo o el de Palmira, lo que afectó gravemente, no solo a la recaudación directa de recursos para el Estado sino que a la propia confianza y seguridad del sistema.

Reino de Palmira

La citada política defensiva iniciada por Adriano conllevó inicialmente a una revitalización de los núcleos urbanos próximos a la frontera y por consiguiente a un florecimiento del comercio entre los dos costados del Limes, el romano y el bárbaro. Ello, no obstante, conllevó a medio plazo a una mayor presión de los pueblos extranjeros del norte y este -mucho mas cohesionados y organizados que siglos antes-, sobre las fronteras del imperio; deseosos de poder participar también directamente de las riquezas del imperio. El resultado fue una inquietante y creciente inestabilidad que afectó a la seguridad en el comercio, que se redujo drásticamente.

Batalla contra los Godos

El mayor gasto estatal para consolidar la fronteras y frenar la amenaza de pueblos exteriores tuvo que sufragarse con una mayor e intensa presión fiscal, en especial sobre la burguesía urbana, lo que provocó un gran éxodo al campo, donde allí era más difícil el control fiscal por parte del Estado.

Monedas romanas

Paralelamente, en las ciudades, centro neurálgico de la economía romana, al escasear el número de esclavos, los precios para su adquisición aumentaron considerablemente, con lo que se incrementaron también los costes de los productos agrícolas cultivados con mano de obra esclava.

Para hacer frente al progresivo aumento de costes alimenticios, los comerciantes tuvieron que aumentar los costes de los productos y/o servicios que vendían, creando una espiral inflacionista de magnitud considerable al mismo tiempo que un círculo vicioso en el que ciudadanos y campesinos acabaron por carecer de dinero suficiente para mantener sus respectivos mercados complementarios.

Como consecuencia, los habitantes de las ciudades huyeron al campo en busca de subsistencia, acogiéndose al régimen de dependencia personal de los señores de los predios, a quienes ofrecieron sus servicios profesionales a cambio de alimentos. Adicionalmente, creció el número de latifundios adquiridos por los mas ricos a los minifundistas, necesitados de dinero.

Con este proceso, se sentaron las bases del sistema económico y social que prevalecería en los sucesivos siglos, una vez el Imperio Romano de Occidente colapsara, en el siglo V dC: el feudalismo.

El Feudalismo en la Edad Media

 

Víctor Bertran
www.limes.cat

 

Acerca de Víctor Bertran

Víctor Bertran Cortada (Barcelona) es empresario, Licenciado en ADE por la Universidad de Barcelona, Master en Dirección de Marketing por la Universidad Pompeu Fabra. Es un apasionado y estudioso de la Roma Clásica y todo lo que la relaciona hasta nuestros tiempos, en especial de la Antigua Roma. Ha viajado por todo el Mediterráneo y Europa siguiendo las huellas del mundo antiguo, con mención destacada con el Imperio Romano, visitando y estudiando numerosos yacimientos arqueológicos. Imparte conferencias y cursos relacionados con el mundo clásico en diversos centros culturales. Publica periodicamente articulos en varias revistas especializadas en historia, como Antrophistoria.
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