La ciudadanía romana. El caso de los notables galos (Ius honorum plenum)

Contexto histórico:

Emperador Claudio

En el año 48 dC, durante el reinado del emperador Claudio, el Imperio Romano cuenta con, según un censo del mismo año, con seis millones de ciudadanos romanos.
Las provincias estaban altamente romanizadas y entre ellas destacaba por su pujanza económica la Galia, conquistada por Julio César un siglo antes.

El texto elegido corresponde al discurso que el emperador Claudio pronuncio ante el Senado en el año 48, a favor de la admisión de notables procedentes de la Galia como miembros del mismo, que el historiador Tácito reelaboró en sus Annales, entre los años 115 y 117 dC.

Tácito

Se trata de un texto que, en su fondo tiene mucho de actual, fruto de la dramática situación que hoy en día sufren miles de personas, refugiados e inmigrantes, en busca de una vida mejor, y que encuentran en Occidente una barrera (tanto física como psicológica) debido a las políticas restrictivas y muy a menudo poco humanitarias de los dirigentes políticos de los países occidentales. Ya en Roma, hace 2000 años, existía el temor, por parte de las élites sobretodo, a ser “diluidos” por extranjeros, en su mayoría habitantes de pueblos que se habían conquistado, en especial si su origen no pertenecía a élites locales.  Destaca la firme voluntad del emperador Claudio a no traicionar los valores integradores de Roma para vencer una dura resistencia de parte del Senado que veía en aquellos nuevos romanos una amenaza a sus privilegios.


Texto: 
Tácito. Anales. XI.23-25

En el consulado de Aulo Vitelio y Lucio Vipstano cuando trató de completar el senado, los nobles de la Galia llamada Comata, que ya tiempo atrás habían conseguido la condición de federados y la ciudadanía romana, pidieron el derecho de alcanzar cargos en la Ciudad, lo que provocó muchos y variados comentarios. Ante el príncipe se enfrentaban los intereses contrapuestos: se afirmaba que Italia no estaba tan decaída que no fuera capaz de proporcionar un senado a su capital; que antaño los indígenas les habían bastado a los pueblos consanguíneos, y que no había que avergonzarse de la antigua república. Se recordaba todavía los ejemplos de virtud y de gloria que la casta romana había dado según las viejas costumbres […]. Decían que todo lo iban a llenar aquellos ricachones cuyos abuelos y bisabuelos, jefes de pueblos enemigos, habían destrozado a nuestros ejércitos por la violencia de las armas y habían asediado en Alesia al divino Julio. […] que gozaran en buena hora del título de ciudadanos, pero que no pretendieran rebajar las insignias del senado y los honores de los magistrados.”

Senado Romano

 A su vez, Tácito, por boca de Claudio, en su discurso y réplica, destacó la capacidad para integrar los extranjeros en su seno que demostró Roma ya desde sus inicios.

[…] también gozamos de prosperidad en el extranjero cuando fueron recibidas en nuestra ciudadanía las gentes de más allá del Po, cuando, con el pretexto de nuestras legiones repartidas por el orbe de la tierra, incorporando a los provinciales más valerosos, se socorrió a nuestro fatigado imperio. ¿Acaso nos pesa que los Balbos desde Hispania y varones no menos insignes desde la Galia Narbonense hayan pasado a nosotros? Aún quedan descendientes suyos, y no nos ceden en amor a esta patria. ¿Cuál otra fue la causa de la perdición de lacedemonios y atenienses, a pesar de que estaban en la plenitud de su poder guerrero, si no el que a los vencidos los apartaban como a extranjeros? En cambio, nuestro fundador Rómulo fue tan sabio que a muchos pueblos en un mismo día los tuvo como enemigos y luego como conciudadanos. Sobre nosotros han reinado hombres venidos de fuera; el que se encomienden magistraturas a hijos de libertos no es, como piensan muchos sin razón, algo nuevo, sino que fue práctica de nuestro viejo pueblo”.

Primeramente, es oportuno destacar la veracidad del contenido del texto pues, en el s. XV se encontró una placa de bronce, conocida como Tabla Claudiana, que transcribe en latín el mismo discurso de Claudio ante el Senado que Tácito reescribe en sus anales.

Tabla Claudiana

El texto grabado en la tabla contiene un estilo más pomposo que el literario y reelaborado por Tácito.

Se centra en la oposición de (una parte del) senado a la entrada en el mismo a los prohombres más notables y romanizados de la Galia Comata (Galia septentrional o la genuinamente celta o tradicional), al tratarse de extranjeros; y cómo posteriormente el emperador Claudio trata de convencerles (con éxito al final) de lo positivo que para Roma suponía aceptarlos como propios.

La Galia

El estilo usado por Tácito es un poco inconsistente e incompleto pues no concreta qué tipo de cargos solicitaron los prohombres galos ni tampoco hace referencia alguna a los senadores que no se opusieron a ello.

Destaca la réplica del emperador, argumentado que ya desde sus inicios Roma se creó y creció asimilando como suyos los que otrora fueran enemigos.

Interesante es cuando cita a las ciudades griegas de Atenas y Esparta, como ejemplos de no haber sabido (ni querido) asumir e integrar en su ciudadanía a las poblaciones vencidas y sometidas. Ciudades poderosas en armas pero que fracasaron en su proyecto imperialista por su equivocada política excluyente al tratar a los pueblos conquistados como extranjeros.

Ello lo pone en contraste con la gradual apertura de Roma y su constante asimilación de los ayer enemigos, que para la res publica romana suponía sobretodo una garantía de paz interna y seguridad.

En este sentido, ser ciudadano romano era básicamente una cuestión política y jurídica. No tenía nada que ver con otras realidades, como las costumbres, tradiciones, forma de vestir o estilos de vida o las creencias religiosas.
Independientemente de sus orígenes, creencias o lenguas, pues, ya fuera itálico, hispano o germano, uno podía llegar a ser ciudadano romano.

Ciudadanos romanos

En Roma, el concepto de ciudadanía suponía un cambio radical en relación con la tradición de las ciudades griegas.

Como expone Claude Nicolet, en su obra “El ciudadano y el político”, los romanos, tanto en tiempos republicanos como en el imperio, era de por si, ciudadanos. Cabe matizar que como ciudadanos se entiende a varones adultos.
Como he comentado en la introducción, a mediados del s.I dc, el número de ciudadanos romanos era alrededor de seis millones, un número cada vez más elevado en comparación con decenios atrás pero no obstante, muy minoritario en relación a una población total de unos 60 millones en todo el imperio. Se trataba, pues, de una minoría privilegiada.

Ciudadano romano equivalía a ser un soldado movilizable, un contribuyente, un elector y un candidato a ciertas funciones de vez en cuando.

Cuando Claudio habla en su turno de réplica, de la creación de Roma, se refería a cómo se formó la civitas romana, el populus(conjunto de ciudadanos), como un grupo de personas asociadas por un interés general al mismo tiempo que de acuerdo con unas normas que habían de regir dicha comunidad. Se trataba pues de un modelo abierto de sociedad.

A lo largo del texto, destaca el progresivo otorgamiento del ius honorum, por parte de Roma: a los plebeyos en un primer momento, luego a los latinos, y finalmente, con la conquista itálica, a todos los demás pueblos de Italia. Con ello intentaba demostrar Tácito –por boca de Claudio- lo incongruente y cómo en contra de la historia natural de Roma de los postulados de los senadores contrarios a la aceptación de los notables galos.

El tono un poco ambiguo del texto de Tácito refleja un pensamiento un tanto contradictorio por una parte de la sociedad romana (élite por supuesto), pues si bien el Senado aceptó finalmente la decisión de Claudio de incorporar extranjeros en él; existía cierto temor a que el proceso de integración de los extranjeros en el gobierno del imperio fuera masivo e indiscriminado.

El resultado de este imaginario se tradujo en la forma de cómo el senado romano otorgó el ius honorum plenum, solo a los eduos, por ser éstos los mejores entre los notables de la Galia, en base a una cuidadosa selección y atención a sus méritos.

 

Víctor Bertran
www.limes.cat

Acerca de Víctor Bertran

Víctor Bertran Cortada (Barcelona) es empresario, Licenciado en ADE por la Universidad de Barcelona, Master en Dirección de Marketing por la Universidad Pompeu Fabra. Es un apasionado y estudioso de la Roma Clásica y todo lo que la relaciona hasta nuestros tiempos, en especial de la Antigua Roma. Ha viajado por todo el Mediterráneo y Europa siguiendo las huellas del mundo antiguo, con mención destacada con el Imperio Romano, visitando y estudiando numerosos yacimientos arqueológicos. Imparte conferencias y cursos relacionados con el mundo clásico en diversos centros culturales. Publica periodicamente articulos en varias revistas especializadas en historia, como Antrophistoria.
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